Síndrome de Sjögren: cómo afecta la vida diaria de quienes lo padecen
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El síndrome de Sjögren es una enfermedad autoinmune crónica que afecta principalmente a las glándulas encargadas de producir lágrimas y saliva. Como consecuencia, las personas que lo padecen experimentan sequedad persistente en los ojos y la boca, aunque la enfermedad puede extenderse y afectar otros órganos y sistemas del cuerpo.
Esta condición puede presentarse sola (Sjögren primario) o asociada a otras enfermedades autoinmunes, como la artritis reumatoide o el lupus (Sjögren secundario). Aunque no siempre es visible, su impacto en la calidad de vida puede ser significativo.
Impacto en la vida diaria
Uno de los síntomas más comunes es la sequedad ocular, que puede causar ardor, picazón, sensación de arenilla y sensibilidad a la luz. Esto dificulta actividades cotidianas como leer, usar pantallas o conducir, afectando el desempeño laboral y social.
La sequedad bucal también genera importantes molestias. Puede dificultar hablar, masticar y tragar alimentos, alterar el gusto y aumentar el riesgo de caries, infecciones orales y problemas dentales. Muchas personas deben beber agua constantemente para aliviar la sensación de boca seca.
Fatiga y dolor
La fatiga crónica es uno de los síntomas más incapacitantes del síndrome de Sjögren. No se trata de cansancio común, sino de una sensación profunda de agotamiento que no mejora con el descanso y que limita las actividades diarias, el trabajo y la vida social.
Además, pueden aparecer dolores articulares y musculares, rigidez y, en algunos casos, inflamación, lo que dificulta la movilidad y reduce la independencia del paciente.
Afectación emocional y social
Vivir con una enfermedad crónica puede tener un impacto emocional importante. La frustración por los síntomas persistentes, la incomprensión del entorno y la incertidumbre sobre la evolución de la enfermedad pueden generar ansiedad, estrés o depresión.
Muchas personas con síndrome de Sjögren se sienten limitadas en su vida social debido al cansancio, el dolor o la necesidad constante de controlar los síntomas, lo que puede llevar al aislamiento.
Adaptación y calidad de vida
Aunque el síndrome de Sjögren no tiene cura, un diagnóstico temprano y un manejo adecuado permiten controlar los síntomas y mejorar la calidad de vida. Adaptar rutinas, cuidar la salud bucal y ocular, respetar los tiempos de descanso y contar con apoyo médico y familiar son aspectos clave para convivir con esta enfermedad.
Con información, acompañamiento y tratamiento adecuado, muchas personas con síndrome de Sjögren logran mantener una vida activa y funcional, aprendiendo a escuchar su cuerpo y priorizar su bienestar.
